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De criminales a celebridades


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PAUSA DE LOS DOS MINUTOS por GILDARDO FIGUEROA.

10 de febrero de 2020.

El sábado previo al Super Bowl LIV, Fox Sports transmitió un programa especial de NFL Films llamado “The Great Brady Heist: Story of Tom Brady´s Stolen Super Bowl LI Jersey” que traducido sería “El Gran Atraco a Brady: La historia del jersey robado de Brady en el Super Bowl LI”.

A principios de enero, Netflix presentó una serie “Killer Inside: The Mind of Aaron Hernandez”, que traducido sería “Asesino interior: La mente de Aaron Hernández”, que es la vida del exjugador de New England Patriots, Aaron Hernandez, quien se suicidó en la cárcel después de haber sido condenado por homicidio.

El periodismo de investigación en estos documentales es magnífico. Los relatos son excelentes. Las historias son sumamente atractivas. Los casos producen morbo y expectación. Por estas razones, son sumamente comercializables y generarán altos ratings. Además, que ambos tienen que ver con los Patriotas, que parecen ser sinónimo de escándalo y atraen multitudes, que los aman y que los odian (sí, ya le quitaron ese calificativo a Dallas Cowboys).

Hay dinastías como Green Bay Packers que su historia es larga y pulcra (con la excepción de las locuras de Brett Favre), Miami Dolphins y la perfección en 1972, Dallas Cowboys de los años 70 que se manejaban bajos los estándares de educación y respeto de Tom Landry, Bill Walsh y San Francisco 49ers que hacían todo con clase y elegancia, incluso Pittsburgh Steelers de la década de los años 70 que tenía un estilo muy marcado, pero los Pats siempre se han visto envueltos en “Gates”, el “Spy-gate” y el “Deflate-gate”, luego los casos de jugadores que presentan trastornos, y los escribo en orden de gravedad, como Randy Moss, Junior Seau, Antonio Brown y Aaron Hernandez, dentro de todos estos años de dominio.

Los medios de comunicación visuales parecen haber encontrado un nicho enorme al presentar este tipo de casos. El momento fue inmejorable, durante los playoffs y el Super Bowl, justo cuando la gente está más interesada en el fútbol americano profesional.

Lo trabajaron desde hace años, estuvieron haciendo horas-nalga en salas de edición, redactando guiones, buscando documentos e información, haciendo relatos, entrevistando gente, viajando, grabando llamadas y toda la labor periodística de investigación requerida.

El trabajo de los periodistas y de los historiadores que realizaron para hacer documentales de tal magnitud, demuestra un profesionalismo magistral y una narrativa espléndida, con detalles visuales únicos. Felicidades a todos los que participaron.

El hecho de conseguir una entrevista con Mauricio Ortega, el criminal confeso de 3 delitos en años consecutivos en 3 estados distintos (Arizona, California y Texas) de Estados Unidos, tiene un gran mérito por sí solo. El haber hecho una entrevista en la casa del pseudoperiodista es algo excepcional.

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Mauricio Ortega, entonces director del diario La Prensa, se metió al vestidor de New England Patriots en el Super Bowl LI antes de lo permitido para los medios y así preparar el hurto. (FOTO: Fox Sports 1)

Obviamente, sus abogados lo asesoraron muy bien para no decir algo que pudiera comprometerlo a que realmente se tomen medidas judiciales en su contra en Estados Unidos y en México.

El momento que ocurrió este atraco vil fue después del regreso más grande en la historia del Super Bowl. Los Pats perdían 28-3 en el 3er cuarto y el jugador que portaba el jersey blanco #12 estuvo en su mejor momento para lograr la victoria 34-28 en tiempo extra y ser nombrado por 4ª ocasión en MVP (Jugador Más Valioso) de un Super Bowl.

El valor de ese jersey, como prenda o uniforme es solamente de unos 200 o 250 dólares, pero el de ese juego, con el sudor, quizá sangre, lágrimas, manchas y jalones, fue valuado en algo superior a los 50 mil dólares por el momento histórico. El valor sentimental para Brady es mucho mayor a esa cantidad. Lo peor es que cuando eso ocurrió, el mundo se enteró que también el jersey de 2 años antes había sido robado en el mismo vestidor.

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Mauricio Ortega se había tomado un selfie con Tom Brady después del Super Bowl XXXIX. (FOTO: TMZ Sports)

Y peor aún, durante las investigaciones y la confesión inmediata de Ortega cuando llegaron la Procuraduría General de la República y la Interpol a su casa en marzo de 2017, supimos que también había robado el casco (sí, el casco) del MVP del Super Bowl 50, el linebacker de Denver Broncos, Von Miller.

¿Cómo diablos se robó un casco? Un jersey, vimos cómo lo hizo, lo dobló, lo guardó en una bolsa negra y lo sacó como si nada hubiera pasado. Pero, ¿un casco? Sin duda, este tipo es un ratero de altos calibres.

En el otro documental, la vida de Hernandez (por cierto, qué mal que los latinos tienen mucho de involucrados en ambos casos) es sobre un jugador con todo el talento del mundo que tuvo una vida personal muy conflictuada. Ala cerrada de primer nivel, llegó a New England el mismo año que Rob Gronkowski, así que quizá estaríamos metiéndolo al Salón de la Fama en estos momentos, porque en aquel parecía tener más talento que el propio “Gronk”. Logró un touchdown en el Super Bowl XLVI. Tenía todo en la vida… incluyendo una personalidad muy guardada, una personalidad de asesino.

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«Sí, no inicies el documental de Aaron Hernandez, hasta que tengas 3 horas libres porque no vas a apagar esa cosa», tuiteó Burgundy Blog, refiriéndose a los 3 episodios de Netflix. (FOTO: Twitter)

Los jugadores de fútbol americano colegial son prácticamente intocables en la ciudad donde está su universidad, y los head coaches encubren a sus jugadores de todo tipo de delitos cometidos, especialmente si son grandes estrellas, porque esos jugadores les dan campeonatos, eso le produce dinero a la escuela y eso les da continuidad en su empleo.

La consciencia de Urban Meyer debe estar tan intranquila o más que la de Joe Paterno en sus últimos días de vida cuando se enteró de los abusos sexuales de sus asistentes y amigos en el campus de Penn State. Meyer era el entrenador en jefe de los Gators de la Universidad de Florida cuando Aaron estuvo ahí. Si bien generó jugadores como Tim Tebow, quien es una figura pública desde sus épocas colegiales, o los gemelos Pouncey, Maurkice y Mike, quienes eran íntimos amigos de Hernandez, este caso puede generarle insomnio a Meyer.

El gran coach colegial supo por fuentes de la policía de Gainesville, Florida, que alguien con la descripción de Aaron Hernandez había baleado un auto y había golpeado al dueño de un bar, y no pasó absolutamente nada. Ni una sanción interna de los Gators, que se perdiera juegos; nada de nada.

Si en aquel momento Aaron hubiera enfrentado a las autoridades, quizá seguiría vivo él y la persona que asesinó y quizá otros 2 que presuntamente también mató. En cambio, Meyer y los responsables del programa de futbol americano se hicieron de la vista gorda, y luego no reportaron estos hechos a Bill Belichick y a los Pats.

Lo interesante de estos documentales, es que ya no vemos la NFL o el fútbol americano profesional como el pináculo de la carrera de grandes deportistas, en el que se destacan por lo ocurrido en el campo de juego, sino que nos hace ver una realidad muy cruda del ser humano en general, donde hay gente con problemas que nadie atiende, desequilibrios mentales, mañas y otro tipo de actitudes negativas ante la sociedad.

Estoy de acuerdo que no es lo mismo Aaron Hernandez que Mauricio Ortega, hay una diferencia abismal entre robar algo a matar a alguien. Pero en actitudes criminales, en la psique de estos individuos, hay un desequilibrio que debe ser estudiado por psicólogos, sociólogos, periodistas, historiadores.

¿Por qué alguien que tiene todo asesina a otras personas? ¿Por qué alguien que tiene cierta posición en la vida roba? A caso el primero es un psicópata, sociópata o una persona cegada por la furia momentánea. En el segundo, es un cleptómano, es alguien que se dice “Coleccionista”, pero en el fondo no es más que un vil y vulgar ratero, que utiliza ciertos beneficios que obtiene por su profesión para hacerse de lo ajeno. ¿Qué motiva a una persona a robar? Y no me refiero a una colección o a poseer algo que no le pertenece o a presumir estúpidamente en redes que tienes algo que todos saben que fue robado. Hay algo mal en la mente de ese individuo, y es mucho más notorio cuando no es alguien que se muera de hambre por no tener dinero, aunque su casa se ve normal sin tantos lujos, no es barato vivir en Condado de Sayavedra.

Ese Super Bowl, en otros, en las instalaciones de ABC Radio cuando hacíamos el programa de Pausa de los Dos Minutos Radio ahí, cuando conducía el de Esto en Radio, platiqué con él. Nunca me hubiera imaginado que él fuera el ladrón de jerseys de Brady y del casco de Miller. Sería más fácil pensar en otras personas que también han cometido delitos en Super Bowls y se han ido impunes.

Ortega, un tipo serio que vestía siempre de traje, reservado, con su computadora en el Centro de Prensa en Houston, incluso un día de esa semana le comenté si íbamos a cenar para platicar, y me dijo que tenía cosas por hacer. Después me enteré que no redactaba notas mientras estaba en la cobertura de Super Bowls, porque fue al menos a unos 15, sino que les pedía en la redacción de La Prensa que le firmaran los boletines con su nombre para justificar su credencial ante la NFL y le siguieran dando acreditaciones. No es el único que viaja para pasear y disfrutar de uno de los máximos eventos deportivos en el mundo. Afortunadamente, eso ya se está terminando.

Pero, en fin, Ortega o Hernandez nos demuestran que caras vemos, mañas no sabemos. La gente que nunca te imaginas, son los que precisamente cometen delitos.

La cuestión de estos documentales es que sirvan de ejemplos que nadie se va sin pagar cuentas, que todo se sabe en esta vida. Estos 2 individuos servirán como el ejemplo (el mal ejemplo) para los niños. Serán puestos en la historia como gente dañada.

Al grado que Ortega todavía invita a Brady a su casa algún día. ¿Ahora quiere robarle el reloj o la cartera?

En resumidas cuentas, la cuestión es que cometer delitos en la actualidad te ayuda a ti o a tu familia a ser famoso. Antes, estas personas eran mal vistas. Nadie quería hablarles, ahora todos quieren la exclusiva, esperan escuchar su versión. Vivimos en una sociedad morbosa.

Al grado que le hacen una pregunta a Ortega sobre ¿cómo sacó el jersey de la maleta de Brady?

Es increíble el tipo de sociedad en que vivimos. Personalmente, creo que no deberíamos ver este tipo de contenidos en la televisión, en video, en Netflix o en YouTube. Mejor dicho, no deberían ser presentados a la sociedad, en especial a los niños.

Repito, y supongo, la NFL lo permite para demostrar que nadie está por encima de la liga, pero también está enseñando el camino a otros sin tanta iniciativa de maldad.

El mensaje que se da es claro: No eres Brad Pitt, no eres Tom Brady, entonces puedes hacer algo negativo y hacerte famoso. Partiendo de la premisa, que hablen de ti es lo importante, bien o mal, no importa.

Interesante los comentarios de un par de niños que vieron estos documentales y su servidor tuvo la oportunidad de escucharlos. “Está grueso el reportero que se robó el jersey de Brady, me gustaría saber cómo lo hizo”, comentó hace 3 años un menor de edad, aproximadamente de 13 años en una reunión de amigos. Y hace unos días, viendo un partido de playoffs en Buffalo Wild Wings, escuché a un joven, como de unos 17 años comentar con un grupo de amigos sobre el caso Hernandez, y lo más literal que recuerdo: “Qué a todo dar que juegues en la NFL, y tu amigo se quiebra tipos. Si necesitas un favor, ya sabes a quién pedírselo”.

Como decía mi abuelita, “antes las cosas eran diferentes. A palazos, nalgadas o bofetadas, le quitabas lo bruto a los chamacos”.

¿Éste es el mundo que le estamos dejando a nuestros hijos? La verdad me rehuso a verlo así, espero que retomemos lo bueno de antes, las buenas costumbres de educación, respeto, y obviamente el periodismo de otras épocas.

A ustedes, ¿qué les gustaría ver?

A mí me gustaría ver documentales y highlights una y otra vez sobre el comportamiento de Brady durante ese partido, lo que se dijeron Julian Edelman, Dont´a Hightower y el propio Belichick para motivar el regreso, analizar la hazaña más grande en la historia del Super Bowl en NFL Films, y no ver el “The Great Brady Heist”.

Por cierto, aquí les comparto el documental de Ortega y Brady, aunque sea irónico y contradictorio con todo lo que vengo señalando, para que lo vean y generen sus propias ideas.

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Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

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