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Minnesota definió la palabra milagro


2017 19 NOrMin NFLM Case Keenum 2

PAUSA DE LOS DOS MINUTOS por GILDARDO FIGUEROA.

14 de enero de 2018.

No es fácil desglosar o analizar un partido como éste. Simplemente hay que empezar diciendo que fue uno de esos encuentros que trascenderán en la historia de la NFL.

Se tuvo de todo.

Para empezar un ambiente espectacular en el U.S. Bank Stadium, casa de los Vikingos de Minnesota. Cuando más de 60 mil aficionados hacen el famoso “Skol” (robado de Islandia en la Euro 2016 del fútbol soccer) al mismo tiempo y al ritmo del tambor es impresionante. Luego el cuerno de vikingo y el sonido ambiente con efectos de la película de la Guerra de los Mundos de Steven Spielberg.

Vimos a unos Vikingos dominar por completo a los Santos de Nueva Orleans, con todo y su quarterback de Salón de la Fama, Drew Brees, y la pareja inigualable de corredores de más de 1,200 yardas por tierra y 1,500 yardas combinadas de cada uno, el novato Alvin Kamara y Mark Ingram.

Todo indicaba que los Vikingos tendrían un Día de Campo con una ventaja de 17-0 al medio tiempo, pero poco a poco Brees lideró a los Santos, y aunque seguían abajo por 10 puntos al iniciar el 4º cuarto, llegó el momento en que tuvieron la ventaja 21-20 con 3:01 minutos por jugarse. Ahí comenzó la locura.

Case Keenum, ese quarterback que no quisieron los Texanos de Houston ni los Carneros de Los Angeles, el cual llegó a Minnesota como reserva de Sam Bradford, y así ingresó a jugar este año con los Vikingos y poco a poco se fue ganando el respeto de sus compañeros al mostrar su liderazgo con el ejemplo y posteriormente el corazón de los aficionados.

Keenum movió a su equipo, pero sólo pudieron sumar un gol de campo, y lo peor del caso es que le dejaron 1:29 minutos para trabajar a Brees y compañía.

Y a pesar de que los Vikingos tienen la defensiva número 1 de la liga, un Brees apresurado y con hambre de ganar, pudo más. Los Santos sumaron 3 puntos en lo que parecía asegurar el partido con una ventaja de 1 punto nuevamente y tan sólo 0:25 segundos por jugarse.

Entonces, el entrenador en jefe Sean Payton comenzó a festejar con el “Skol” burlándose de los aficionados detrás de la banca de Nueva Orleans.

Tras avanzar 14 yardas en cuatro jugadas, parecía que todo estaba escrito para Minnesota y que sufrirían una victoria muy dolorosa en su primer juego de playoffs en su magnífico estadio.

Quedaban 10 segundos en el reloj, era 3ª y 10 en su propia yarda 39, cuando mucho quedaban dos jugadas. Keenum y los Vikingos tenían que buscar un pase de al menos de unas 20/25 yardas para llegar a la yarda 35 de los Santos y dejar la mesa puesta para un gol de campo de Koi Forbath de 52 yardas, siendo que ya había conectado uno de 49 y otro de 53 yardas, aunque falló uno de 49 yardas justo antes de terminar la primera mitad.

Vino Keenum con el pase que quizá pueda definir su carrera. Un envío perfecto de 25 yardas a Stefon Diggs a la lateral derecha, donde había otros tres receptores de los Vikingos. Diggs brincó y atrapó el pase unas 3 yardas dentro del campo y parecía que ahí terminaría el partido porque era inminente una tackleada.

Pero el profundo novato Marcus Williams, inexplicablemente agachó la cabeza, falló la tackleada por casi una yarda, Diggs no lo podía creer, casi se cae y estuvo a punto de hacer down dentro del campo de juego, pero de alguna forma milagrosa se levantó y aceleró a la zona de anotación mientras expiraba el reloj.

Lo peor es que Williams, con su “espectacular tackleada”, se llevó de corbata a su único compañero de equipo que tenía opción de hacer la jugada y detener a Diggs.

No hubo castigos, y el U.S. Bank Stadium se convirtió en una escandalera impresionante, júbilo, felicidad y un triunfo que sólo se puede comparar con el Milagro en la Ciudad de la Música, con el Hail Mary Pass de Roger Staubach, con la Inmaculada Recepción o el Milagro en Mile High, entre los juegos de playoffs que se definieron en los últimos segundos.

Un clásico al instante, un partido legendario, en el que me atrevo a decir que merecía ganar más Nueva Orleans, con la excepción de la mano divina o del universo, o el error del novato Williams, que le dieron el triunfo a Minnesota.

Lo que hicieron Brees y Nueva Orleans fue un esfuerzo muy digno que fue superior a lo que hizo Minnesota, pero al final el marcador indica que ganaron los Vikingos.

Brees respondió de visitante, en un ambiente muy, pero muy, hostil. Al final, quien trae una estrella encima, no importa todo lo que ocurra, no importa lo que hagan los demás, simplemente Keenum y compañía están en su año.

Un triunfo más, ahora de visitantes en Philadelphia, y los Vikingos se convertirán en el primer equipo en la historia de la NFL en jugar un Super Bowl en su propio estadio, aunque este año le toque a la Conferencia Nacional ser visitantes administrativos.

De esta forma, los Vikingos no podrán utilizar ni su vestidor habitual de equipo de casa, ni sus instalaciones de entrenamiento, sino todo lo que le corresponde al visitante. De cualquier forma, sería la cereza en el pastel a una historia incomparable de un partido fenomenal, mágico y que ya lo podemos bautizar como el Milagro en Minnesota.

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