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Al menos ocho Delfines perfectos de 1972 tienen problemas cognoscitivos


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MIAMI, Florida, 16 de mayo de 2017 (The Miami Herald).- Lo llamaban “Capitán Crunch”, y el nombre era perfecto. Mike Kolen golpeaba en serio.

Ahora, 45 años después de que la Defensiva Sin Nombre de los Delfines de Miami tuviera la temporada perfecta en 1972, Kolen y sus perfectos compañeros de equipo están juntos otra vez. Pero en lugar de estar en celebración, es en dolor.

El equipo más legendario en el Sur de Florida se ha convertido en una historia de ejemplo, un símbolo para marcar la saga de las conmociones que amenaza el futuro del deporte favorito de Estados Unidos y de Norteamérica.

“En el último mes o algo así, he sido diagnosticado con etapas iniciales del Alzheimer”, dijo al Miami Herald Kolen, un linebacker titular durante los dos equipos campeones de Super Bowl de Miami.

¿Y el fútbol americano fue la causa?

“Creo que es la única forma por la que tengo problemas cognoscitivos”, respondió Kolen, de 69 años de edad, y que no tiene historia familiar de demencia.

La historia de Kolen no es única del equipo más histórico en la NFL. A principio de esta semana, la revista Sports Illustrated detalla la forma en que dos compañeros de Kolen en 1972 que son más reconocidos como Nick Buoniconti y Jim Kiick se han deteriorado mentalmente ambos durante los últimos años.

Tras la muerte del quarterback Earl Morrall en 2014, se dio a conocer una autopsia de que estaba en la Etapa 4 de la Encefalopatía Crónica Traumática (CTE, Chronic Traumatic Encephalopathy, por sus siglas en inglés), una enfermedad del cerebro degenerativa mayormente conocida como CTE la cual los investigadores han relacionado con el fútbol americano.

Bill Stanfill, el primer rey de las capturas de los Delfines, padecía demencia y Parkinson cuando murió en el otoño pasado a la edad de 69 años.

Otros tres del reconocido roster de principios de los años 70 como el esquinero Lloyd Mumphord, el back defensivo Tim Foley y el corredor Hubert Ginn, han lidiado silenciosamente con discapacidad cognoscitiva en años recientes, según dijeron algunos excompañeros de equipo al diario local.

Eso suma al menos ocho mientras de un roster de unos 50 jugadores quienes han padecido pérdida de agudeza. Y esa cifra incluye sólo aquellos que se mantienen en contacto regular con la organización, muchos otros no lo hacen.

Alrededor de una cuarta parte del equipo de 1972 ha fallecido, incluyendo cinco de cáncer. Manny Fernandez, un liniero defensivo quien fue la estrella del Super Bowl VII, ha tenido ocho cirugías solamente en su espalda. El centro Jim Langer, de 68 años de edad, dijo que sus “piernas están mal y mis rodillas están destrozadas” después de seis operaciones.

Y mientras que la edad, claramente, carga con la culpa, el fútbol americano ha tenido un rol de gran tamaño.

“Es un poco de ambos; no creo que sea todo de uno o de otro”, dijo el profundo Dick Anderson, un tres veces All-Pro y miembro del Equipo de Todos los Tiempos de la franquicia.

Anderson y el miembro de Salón de la Fama Larry Little no tienen problemas cognoscitivos, pero ambos reconocen que han comenzado a olvidar cosas en años recientes.

“Es trister ver chicos como Earl, Bill, Nick y Jim”, dijo Little, de 71 años de edad. “Me siento mal por mis compañeros de equipo. No tengo miedo, pero es de preocuparse. Me tengo que preguntar a mí mismo, ¿estaré en esa condición en unos cuantos años?”

La posibilidad es real. Las estadísticas son abrumadoras.

Alrededor de cinco millones de estadounidenses sufren de demencia, un número que se espera se triplique para el 2050 mientras que la población de mayor edad se duplica en tamaño. Un 9 por ciento de los estadounidenses por encima de los 65 padece demencia, de acuerdo con un estudio de noviembre de 2016 publicado en el Journal of the American Medical Association-Internal Medicine.

Para los Delfines, el rango pudiera ser del doble de ese con respecto a la población general y si se considera la posibilidad que más de ocho jugadores del roster de 1972 tienen o tuvieron demencia.

Los jugadores de la NFL son tres veces más propensos de morir a consecuencia de una enfermedad neurodegenerativa que la población general, y cuatro veces más propensos a desarrollar Alzheimer y la enfermedad de Lou Gherig, conocida como esclerosis lateral amiotrópica (ALS, Amyotrophic Lateral Sclerosis, en inglés). Eso de acuerdo con un estudio publicado en Neurología en 2012.

Incluso la NFL reconoce que hay conexión entre trauma de cabeza relacionado al fútbol americano y enfermedades neurológicas como CTE después de negar dicha conexión durante años.

La liga ha aceptado pagar mil millones de dólares de gastos médicos de algunos de los 20 mil exjugadores después de que varios demandaron a la liga a principio de esta década. Los litigantes señalaron que la liga tenía “conocimiento de la evidencia y de los riesgos asociados con lesiones de cerebro tras traumas repetitivos virtualmente desde su incepción, pero deliberadamente ignorada y activamente encubrió la información a los jugadores y a otros quienes participaron en fútbol americano organizado en todos los niveles”.

CTE es provocado por repetidas conmociones y golpes subconmocionales y ha cobrado las vidas de algunas de las estrellas más brillantes del deporte, incluyendo el miembro de Salón de la Fama y una vez jugador de los Delfines, el linebacker Junior Seau. Los síntomas incluyen confusión, comportamiento impulsivo, irritabilidad, agresión, pérdida de memoria de corto plazo y dificultades para hablar y de lenguaje.

Esa terminología es de la Clínica Mayo, y describe la situación actual de Buoniconti y de Kiick. Ambos describieron, con detalle emocional, su pronunciada caída de salud física y mental en la revista Sports Illustrated.

Un linebacker estelar que se convirtió en abogado y en ejecutivo, Buoniconti se ha deteriorado rápidamente, sufriendo caídas, pérdida de memoria, confusión y frecuentemente tiene problema para ponerse su propia camisa.

Kiick, un duro y productivo corredor, “tiene hoyos en su cerebro”, declaró el Dr. David B. Ross, director médico del Instituto Comprensivo de Neurocomportamiento en Plantation, Florida, a Sports Illustrated. Inspectores estatales determinaron que la suciedad en el departamento de Kiick era para no vivir ahí –y que Kiick no estaba en condición de cuidarse a sí mismo.

Sus historias pegaron fuerte a los aficionados deportivos de Miami, muchos de ellos crecieron idolatrando a estas estrellas, y a sus excompañeros de equipo.

Fernandez, quien vive en Georgia, había escuchado rumores que Buoniconti no estaba bien, pero no tenía idea que los doctores creían que su excompañero de equipo probablemente padecía CTE. (Un diagnóstico definitivo de la enfermedad no es posible sino hasta después de la muerte, cuando se realiza la autopsia).

Los exámenes han revelado que el cerebro de Buoniconti está atrofiado en su hemisferio derecho, y los doctores creen que ocurre debido a las cantidades anormales de las proteínas tau, las cuales son causadas frecuentemente por golpes en la cabeza, mata células del cerebro y están asociadas con CTE. La condición es irreversible.

Fernandez no recuerda el final del Super Bowl VII que fue el cerrojazo de la temporada perfecta de 17-0 de los Delfines, debido a un golpe en la cabeza, y estima que sostuvo “docenas” de conmociones durante su carrera como jugador. Y aún así, su mente es sólida.

¿El resto de su cuerpo? Depende del día. Todavía levanta pesas y utiliza la elíptica, pero admite que siente dolor “en todas partes” después de 19 cirugías relacionadas con fútbol americano. Junto con dolores crónicos en la espalda, Fernandez tiene neuropatía en ambos pies y pasó dos meses en el hospital hace unos cuantos años debido a ello.

Fernandez esperaba tener problemas físicos tras jugar 103 partidos de temporada regular en la NFL. De los retos mentales de sus excompañeros, eso nunca se consideró.

“No teníamos idea que esto pudiera causar lo que está causando. ¿CTE? Eso es un asunto de miedo. Que, ni si quiera conociéramos sobre ello hace tres años o algo así. ¿Alzheimer? Nunca escuchamos la palabra Alzheimer en los años 60 o 70”, comentó Fernandez. “¿Cómo diablos lo sabríamos? Nadie sabía. Estamos hablando hace 50 o 45 años”.

Ginn, un corredor reserva en el equipo de 1972 quien sumó 521 yardas y 3 TD en nueve temporadas en la NFL, no tenía idea alguna.

A principio de este año, Little asistió a la fiesta de cumpleaños 70 de Ginn en Savannah, Georgia. El cambio en Ginn era notable y doloroso.

“Tenía una persona que lo cuidaba”, comentó Little. “Estaba bien físicamente pero mentalmente estaba realmente deteriorado”.

En la fiesta, Little llamó a Ginn por su apodo: Bulldog Dupree. Ginn reconoció a su viejo amigo y se abrazaron.

“Eso me hizo sentir mejor”, agregó Little. “Pasamos un buen rato, y cuando terminó, se le olvidó decir adiós”.

Foley, alguna vez un titán de la industria, tampoco ha estado disponible, incluso para sus amigos. Todos los números recientes que un compañero de equipo le dio han sido desconectados.

Foley, de 69 años de edad, es un multimillonario, pero no se hizo rico del deporte. Los contratos simplemente no eran tan grandes entonces. No, su dinero real llegó como un dueño de una distribuidora de Amway en Tavares.

Pero durante la última década, la mente de Foley comenzó a irse. Fernandez lo vio por última vez en la reunión del equipo del 72 hace unos cuantos años atrás. Foley, dos veces campeón de Super Bowl quien jugó 11 temporadas en la NFL, todas con los Delfines, tenía un asistente que se hacía cargo de él ese fin de semana.

No todos los miembros del equipo del 72 están sufriendo, claro. Por cada Foley, está el destacado receptor Paul Warfield, quien es un retrato perfecto de salud.

Warfield, de 74 años de edad, jugó 14 temporadas y se retiró con nada con la excepción de un par de huesos rotos.

“Tan sólo el tipo de dolores al estilo de antes y así, pero nada grave”, dijo Warfield desde su casa cerca de Palm Springs, California. “Fui muy afortunado en mi carrera de no tener una lesión mayor de rodilla o de cadera”.

El corredor Mercury Morris se siente grandioso también, y da crédito a su larga fortaleza al ejercicio y una poción mágica que toma regularmente: aceite de coco.

Pero Warfield y Morris saben que son los afortunados, y eso les duele en el alma.

“Me duele por Nick porque dentro de él, hay un Nick Buoniconti quien sabe quién es”, dijo Morris. “Y él sabe que no puede ser ese Nick Buoniconti ahora”.

Y estas enfermedades no sólo atacan sus cuerpos y mentes, sino también sus cuentas bancarias.

Kiick, un exinvestigador de la oficina de defensoría de oficio del Condado Broward, casi quedó en bancarrota después de que su enfermedad hizo trabajar imposible. Aunque la NFL tiene programas de asistencia para exjugadores en su condición, tanto él como Buoniconti están más decepcionados por toneladas de burocracia.

Morris criticó el Plan Mackey 88 de la liga, el cual ofrece hasta 130 mil dólares por año a renombrados exjugadores de la NFL con demencia, ALS o Parkinson.

Morris también comentó que los jugadores que estuvieron en la liga antes de 1993 no están incluidos en el plan de pensión, y destaca una larga demanda a los departamentos de Justicia Laboral sobre ese asunto.

¿En cuanto al arreglo de conmociones?

Buoniconti señaló que es “un chiste”.

Pero aunque hay mucho enojo por parte de estos jugadores contra la NFL, ninguno de los entrevistados mencionó una mala palabra acerca de los Delfines.

De hecho, la organización ayudó a Kiick y a Buoniconti obtener el dinero que la liga les debe.

“Los Miami Dolphins siempre han sido extremadamente generosos en ofrecer asistencia a sus jugadores cuando no tienen suerte”, dijo Nat Moore, un exreceptor abierto quien maneja el departamento de relaciones de alumni (exjugadores) de los Delfines.

La organización estableció un fondo de asistencia a exjugadores para los que tengan necesidad. El equipo ofrece préstamos para aquellos esperando sus cheques de la NFL o les da dinero a exjugadores quienes están en una situación comprometida.

Hace no mucho, el equipo ayudó a un Dolphin retirado comprar un auto y le pagó por seis meses de gasolina para que pudiera ir y venir al trabajo.

La fundación de caridad de la franquicia le da 25 mil dólares anualmente a Doug Betters, un ala defensiva quien ha estado paralizado de la cintura hacia abajo desde un catastrófico accidente de esquí en 1998.

Hay algo que los compañeros de equipo de 1972 acuerdan: si ellos supieran lo que saben hoy, aún así volverían a jugar.

“No podía haber tenido una mejor profesión en esa edad que jugar en la NFL”, dijo Little. “Amo el juego y amé jugarlo. Sin remordimientos”.

“Fue mi decisión jugar un deporte violento. No soy una víctima. Todos los jugadores de la Temporada Perfecta vamos a morir como moscas pronto. Es el ciclo de la vida”, dijo el miembro del Salón de la Fama, Jim Langer, quien ganaba 26 mil dólares en 1972 y ahora vive en el área de Minneapolis tras una segunda carrera bancaria. “No puedes estar en un continuo choque de autos durante tres horas por semana y no sentirlo cuando te haces viejo”.

Si hay alguien que vuelve a pensarlo, es el Capitán Crunch.

Kolen había padecido sólo pequeña pérdida de memoria cuando los doctores le dieron la terrible noticia de que tenía Alzheimer. En general, las señales estaban ahí. Como jugador sufrió cuatro o cinco conmociones; una en Auburn y el resto en el profesionalismo.

Se encontró en habitaciones sin tener la más remota idea de por qué caminó hasta ahí.

A pesar de ello, su ánimo es alto cuando habla acerca de una enfermedad que no tiene cura conocida. Espera disminuir los efectos con decisiones sobre su forma de vida como ejercicio regular y ocho horas de sueño.

Kolen señaló que aplicó por su dotación del acuerdo con la NFL pero no está seguro si verá un sólo centavo de ello. Sabe que el fútbol americano bien pudiera ser la causa de su diagnóstico pero no responsabiliza al deporte.

“No culpo al fútbol americano”, comentó Kolen. “El fútbol americano es un gran deporte. Me enseñó tantos valores en la vida… Considero un privilegio jugar fútbol americano, especialmente para Auburn y para los Miami Dolphins. No daría nada por eso. Fue una oportunidad tremenda. No tengo remordimientos”.

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